Cuando una empresa ya no es viable, seguir arrastrándola solo desgasta. La liquidación voluntaria te permite cerrar de forma ordenada, frenar los cobros y, al terminar, extinguir las deudas que queden. No es rendirse: es cerrar con la frente en alto y poder volver a empezar.
Es el procedimiento de la Ley 20.720 en el que tú mismo, como dueño, pides cerrar la empresa de forma ordenada cuando ya no es viable continuar. Tú decides el cierre, no tus acreedores.
Se reúnen los bienes de la empresa, se pagan las deudas con ellos según el orden que fija la ley, y todo lo que quede impago se extingue al terminar el proceso. Aunque lo recaudado sea menor que la deuda total, igual se eliminan.
Porque si no lo haces tú, pueden hacerlo tus acreedores: es la liquidación forzosa, donde pierdes el control del proceso y los tiempos.
Hacerlo de forma voluntaria te da un cierre más ordenado y controlado, frena la lluvia de juicios y cobranzas, los junta todos en un solo procedimiento y te permite cerrar este capítulo con certeza jurídica, sin que la incertidumbre se alargue por años.
No toda empresa con deudas tiene que cerrar. Esta es la diferencia, para que tomes la decisión correcta.
Estos son los beneficios de hacerlo de forma ordenada y a tiempo.
Un solo proceso, claro y eficiente, en vez de juicios y cobros por todos lados.
Las ejecuciones individuales se suspenden y se acumulan en el procedimiento.
Los saldos que no se alcanzaron a pagar se eliminan, aunque sean mayores a lo recaudado.
Cierras el capítulo con certeza jurídica y recuperas tu historial para reemprender.
Menos de lo que imaginas para empezar. Nosotros nos encargamos de armar todo el expediente por ti.
Te acompañamos en cada etapa. Tú tomas la decisión; nosotros llevamos el proceso.
Revisamos la situación de tu empresa, sin costo, y confirmamos si la liquidación es la mejor salida o si aún se puede reorganizar.
Armamos la descripción documentada de deudas, acreedores y bienes, y presentamos la solicitud ante el tribunal.
Se nombra un liquidador, se frenan los cobros y se reúnen los bienes para pagar a los acreedores según la ley.
Termina el procedimiento y los saldos impagos se extinguen. La empresa queda cerrada y tú, libre para reemprender.
Si te la jugaste por tu negocio, la palabra "quiebra" suena dura. Pero es una alternativa de último recurso, cuando las demás soluciones no son viables o el nivel de deudas es muy alto. No es una decisión fácil, pero muchas veces es la más responsable para hacer un cierre ordenado. Aplica tanto a una PYME como a una empresa de mayor tamaño.
Lo principal es acreditar la insolvencia con una descripción detallada y documentada: todas las deudas, acreedores y bienes de la empresa que entran al procedimiento. Para eso necesitas, sí o sí, la representación de un abogado experto, que es lo que hacemos por ti.
Extingues las deudas de la empresa gracias al remate de los bienes. Y aquí está lo importante: aunque lo recaudado sea menor que el total de las deudas, de todas formas se eliminan los saldos que queden.
Depende de si tu empresa todavía es viable. Si funciona pero la ahogan las deudas, lo mejor suele ser reorganizar y seguir operando. Si ya no da para más, lo más sano es liquidar y cerrar ordenado. En la reunión lo definimos juntos según tus números.
La liquidación de la empresa es distinta de tus deudas como persona, y la responsabilidad depende del tipo de sociedad y de si firmaste avales o garantías personales. Es lo primero que revisa el abogado en tu caso, para protegerte lo mejor posible.
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